Padres y pediatras
al cuidado de la infancia y la adolescencia

Aprendiendo a leer y a escribir: mucho más que letras

  • pdf
  • friend
  • print
  • Googleplus
  • Twitter
  • Facebook
  • WhatsApp
Fecha de publicación: 18-02-2018

El lenguaje es clave en la educación de los niños. A todos nos interesa cuando el bebé comienza con sus primeras palabras. ¿Dirá papá? ¿O será mamá? Pero pocas veces nos fijamos en cómo aprenden a leer y escribir. Creemos que es algo que “se hace solo”. O que “ya se encargan de eso en el cole”. Y a veces es demasiado tarde. Ahora sabemos que podemos adelantarnos y detectar los casos en que los niños pueden tener alguna dificultad. Incluso a los 4 años. ¡Claro que la mayoría aún no saben leer ni escribir! Pero su cerebro ya se va preparando para aprender. Veamos cómo.

La clave para aprender a leer parte de ser capaces de reconocer las palabras y darles un significado. Se necesita que funcionen bien varias zonas del cerebro para aprender esto. Conocer estas actividades permite a los padres, cuidadores y profesores estimular a los niños desde pequeños. Y así, aprender poco a poco a leer y escribir. También se ha visto que los niños con dificultades en estas áreas, como pasa en la dislexia, pueden mejorar y estar más entrenados. Para ello hay que dedicar tiempo a hacer ejercicios relacionados con la lectoescritura.

¡Y lo que es mejor! Con el uso de varios juegos podemos intuir qué niños pueden tener más dificultades a la hora de aprender a leer y escribir. Esto nos permite trabajar con ellos desde el principio. Prestarles una mayor atención. Darles trucos. Y, sobre todo, no etiquetarles de lo que no son: ni vagos, ni lentos, ni perezosos.

¿Qué actividades cerebrales se utilizan al leer y escribir?

Aún se está aprendiendo mucho sobre el funcionamiento del cerebro. Para leer y escribir hemos de poner en marcha una serie de actividades cerebrales que son dirigidas por zonas diferentes del mismo. Por tanto, se trata de algo mucho más complicado que “ver y conocer las letras del abecedario”. Algunas de estas funciones son:

- Ser capaces de diferenciar sonidos parecidos y, con ello, reconocer como distintas las palabras que se parecen.

- Saber separar las sílabas que componen cada palabra.

- Distinguir sonidos dentro de cada palabra.

- Comprender palabras nuevas o difíciles.

- Tener una buena capacidad de atención y memoria.

- Y poder nombrar objetos de forma ágil.

Estas actividades, entre otras, se usan en forma de juegos en preescolares para facilitar el aprendizaje de la lectura y la escritura. Pero, además, sirven para detectar pronto a los niños que pueden tener algún problema y así poner en marcha todos los apoyos que necesiten.

¿Cómo se pueden entrenar estas funciones?

Existen muchos juegos que se usan en Escuelas Infantiles y primeras etapas de Educación Infantil. Todos ellos buscan lograr un buen desarrollo del lenguaje y posterior lectoescritura. Entre otros, mostrar dibujos y nombrarlos. Memorizar series de objetos. Etiquetar con palabras sencillas los utensilios más comunes….

Fijándose en las funciones que hemos visto antes, un grupo de expertos elaboró un test con varios juegos para descubrir las dificultades y los puntos flojos de algunos niños. Con ello, se ve en qué partes se equivocaban más. Se pueden usar además para mejorar las capacidades de cada uno. Los juegos son:

  • Repetir parejas de palabras para que digan si son iguales o distintas (pan-paz, luz-luz…).
  • Separar las sílabas de las palabras (pe-ra, o-ve-ja, ma-ri-po-sa…).
  • Saber si una letra está o no en una palabra (la “r” en carro, piña…).
  • Repetir palabras inventadas sólo escuchándolas (nigo, diplo…).
  • Repetir números de memoria (5-2-1, 4-1-8-3-9…).
  • Nombrar una serie de cosas (animales, por ejemplo).

¿Qué sucede en los niños con dislexia?

Los niños con dislexia tienen dificultades en una o más de estas funciones. En su cerebro, las palabras no se reconocen como en las personas sin dislexia. Para ellos es muy complicado dar significado al lenguaje. Aunque son personas de inteligencia normal o incluso mayor que el resto.

No hay un solo tipo de dislexia. En cada caso se ven distintas alteraciones. Pero debemos estar atentos como cuidadores y responsables de los niños. Esto permite detectar a tiempo las dificultades en el aprendizaje para poder atenderlas. Y lograr que se desarrollen de la mejor manera posible.

Para completar la lectura de este artículo, te recomendamos que leas éste otro, escrito por nuestra compañera Isabel Molina (y que además dispone de audio): ¿Qué es la dislexia?

Descárgate la presentación con los PUNTOS CLAVE: 

Fecha de publicación: 18-02-2018
Autor/es: