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Las mentiras y las mentirijillas de los niños, cómo manejarlas

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Fecha de publicación: 26-09-2017

¿Te han dicho tus hijos alguna vez una mentira? ¿Cómo has reaccionado? ¿Usas tú a veces la mentira para lograr algo? ¿Te han oído los niños decir alguna? Si has contestado que sí a alguna de estas preguntas, quizá te interese seguir leyendo.

Hemos hablado en otra entrada sobre los principios que cada familia inculca a sus pequeños. En mi opinión, la sinceridad y la honestidad son de los más importantes porque sientan la base de la confianza y el respeto a los demás. Por eso, vamos a tratar de entender un poco más el mecanismo de la mentira y comentaremos las claves para que no se produzca.

¿Podemos clasificar las mentiras?

Se podrían clasificar las mentiras en “pequeñas, piadosas o también llamadas mentirijillas” y “grandes o de bulto”, según las consecuencias que tengan. Aunque si se tiene en cuenta que traicionan la confianza de quien las recibe, hay que evitar las de cualquier índole.

- Están las mentiras del tipo “yo no he sido”. Su fin es evitar un castigo o una regañina. Traducen la falta de responsabilidad, el deseo de eximir una culpa que tendría que ser asumida.

- También hay mentiras que se originan por la imaginación de los niños, que son las más “comprensibles” porque a veces ni ellos mismos distinguen bien lo real de lo ficticio. Pero si este tipo de comportamiento es muy repetitivo o pasa en una edad que no corresponde, debe analizarse si el niño está preocupado por algo, tiene algún tipo de miedo o quiere decir algo.

- Las mentiras más peligrosas son las que dañan a otras personas, las que no tienen en cuenta los sentimientos de los demás. Si se repiten son una falta de empatía, no saber ponerse en el lugar del otro para imaginar lo que está sintiendo. Son, por ello, a las que hay que prestar mayor atención, de las que hay que hablar con el niño para que no se repitan.

¿Qué podemos hacer ante una mentira del niño?

Primero vamos a comentar lo que no se debe hacer: 

  • No se aconseja tomárselo a broma, aunque en esa ocasión no tenga consecuencias o sea de poca importancia. Como hemos dicho, esto sólo lo valoramos los adultos. Para los niños es lo mismo: faltar a la verdad.
  • Hay que ser consecuentes y firmes, manejando cada situación con unos criterios similares para no confundir al pequeño. Tampoco sirve de mucho enfadarse o reñirle sin más. Puede que al principio funcione, pero el niño no va a comprender del todo las razones de nuestra reacción.

Para controlar las mentiras hay muchas formas posibles. Hay que usar nuestra imaginación y los recursos educativos de cada familia. Para dar algunas ideas os proponemos las siguientes opciones:

- Dile cómo te sientes después de la mentira. Dile que estás triste y decepcionada/o. Buscad juntos lo que esto quiere decir.

- Dile también que la próxima vez que diga algo vas a dudar de su palabra y se lo vas a volver a preguntar, lo que va a ser muy molesto para él.

- Cambio de roles. Si el niño no ha dicho la verdad, dile que ahora vas a ser tú quién le diga una mentira, a ver cómo se siente. Imaginación al poder, tú eres quién mejor sabe como es tu hijo. Pregúntale cómo se ha sentido. Analiza con él o ella lo que ha pensado.

- Cuéntale alguna situación que has vivido por una mentira. Le encantará escucharte.

- Pregúntale si alguna vez le han mentido. Incluso si alguna vez se ha sentido engañado por vosotros. Dile que te explique lo que le parece.

- Leed juntos el cuento de 'El pastor mentiroso'. Comentad todo lo que se os ocurra.

Educa con el ejemplo

Como en otros aspectos de la educación de nuestros hijos, lo más importante es dar a los niños un buen ejemplo. Por eso, nunca les digas a tus hijos ninguna mentira, aunque creas que es por “su bien”. Seguro que hay una forma de explicarle o decirle algo sin recurrir a ellas. No las uses como chantaje, porque luego perderán esta función. Y sobre todo, no digas a nadie mentiras delante de los niños. Con ello estarán aprendiendo que el fin justifica los medios.

Es mejor convivir en un mundo sincero, donde la confianza en los demás se dé por hecho.

Si los más escépticos están pensando en ello, claro que hay una excepción que confirma la regla: el mundo de la magia o la fantasía que rodea a los dientes o las fiestas navideñas. Pero esa es ya otra historia…

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Descárgate la presentación con los PUNTOS CLAVE: 

Fecha de publicación: 26-09-2017
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