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Cuando el niño no quiere ir a la escuela, ¿cómo afrontarlo?

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Fecha de publicación: 25-08-2015

La escolarización o el inicio de la guardería es un momento de gran importancia en la vida del niño. No siempre es fácil. Implica salir del ambiente de seguridad conocido, el hogar, junto a la necesidad de adaptarse a nuevas rutinas, horarios y actividades. Además, va a iniciar una relación con otras personas que le son desconocidas (profesores y compañeros). Estos cambios pueden ser vividos con miedo y ansiedad por parte del niño y de los padres.

¿Por qué aparecen el miedo y el rechazo? ¿Es normal?

El miedo es una respuesta normal frente al cambio. Es transitoria y forma parte del proceso de adaptación. Para su comprensión es útil conocer las etapas del desarrollo emocional en el niño.

- Entre los seis y nueve meses de vida va a surgir el miedo a los desconocidos, a la separación de su madre y de los cuidadores habituales. El niño se “apega” y rechaza la separación por miedo a la pérdida. Este sentimiento se va a prolongar al menos hasta los tres años de vida.

- A los dos años aparece el sentimiento de vergüenza ante el fracaso que puede condicionar un mayor retraimiento social y dificultades en la incorporación a la escuela. El egocentrismo y el negativismo son propios también de esta etapa. Los niños de esta edad expresan sus sentimientos de forma intensa (rabietas, llanto inconsolable…y en el otro extremo abrazan y besan con gran entusiasmo, todo a la vez). Se observa también una oscilación entre los intentos de autodefinición e independencia (“yo solo”) y las conductas regresivas y dependientes propias del miedo a la separación (“duerme conmigo”, “no te vayas”).

¿Cómo se manifiesta?

Llanto y desconsuelo son habituales los primeros días. Conductas de evitación (excusas para no ir, se retrasa al desayunar o al vestirse, no encuentra el material necesario…). También puede mostrar conductas más agresivas (pataletas, mal comportamiento en clase) o, por el contrario, de aislamiento e inhibición.

Síntomas físicos (dolor abdominal, diarrea, vómitos antes de entrar en la escuela, dolores de cabeza) son más frecuentes los días de colegio y mejoran o desaparecen los fines de semana y vacaciones.

Puede aparecer una alteración en los hábitos de sueño, problemas de alimentación y regresión de hitos madurativos ya alcanzados (vuelve a mojar la cama, solicita nuestra ayuda para actividades que ya realizaba solo como vestirse o comer).

A veces el problema aparece tras un período de vacaciones o enfermedad. La vuelta a la rutina y obligaciones de la escuela frente al cuidado y atención personalizada que estaba recibiendo.

También puede haber un factor precipitante, como una experiencia desagradable en el colegio, el nacimiento de un nuevo hermano o un cambio de domicilio.

¿Cómo puedo ayudarle?

Aceptar que el miedo es una respuesta normal pero transitoria. Transmitir confianza, seguridad y optimismo frente a ansiedad y temor.

A nivel práctico puede ser útil:

- Establecer rutinas, como preparar juntos la ropa y la mochila del día siguiente. Ayudarle a recordar los momentos divertidos del día que ha pasado en la escuela.

- Evitar ir con prisas, que tenga tiempo.

- Si es posible, acompañarlo hasta la clase y recogerlo al finalizar la jornada. Hacer las despedidas cortas y alegres. Como los niños no tienen un concepto claro del tiempo, explicarles el momento de recogida en términos que puedan entender (después de comer, después de la merienda…) y evitar retrasos.

- Evitar comentarios negativos, mentir (“ahora vuelvo a por ti”). Fomentar y aplaudir las conductas positivas.

- No intentes razonar mientras está llorando, déjalo para cuando esté tranquilo en casa.

- Escúchale, deja que explique sus miedos, que se sienta acompañado. No sobreproteger ni negociar (ir al colegio es lo normal).

Y ante todo seguridad, confianza y optimismo… con una buena dosis de paciencia.

¿Cuándo es preocupante?

La mayoría de los niños  tienen cierto grado de miedo, protesta y rechazo. El miedo forma parte  del desarrollo normal del niño y  tras un período de adaptación, variable en cada caso, será capaz de afrontarlo. Si el ambiente que encuentra es acogedor y damos confianza, en poco tiempo valorará las ventajas que encuentra (nuevas actividades, amigos, juegos, diversión, aprendizaje).

Pocos niños van a evolucionar hacia un rechazo mantenido, con un miedo excesivo e irracional, prolongado en el tiempo y desproporcionado a la situación. Las manifestaciones físicas y psíquicas también serán más intensas y duraderas. Estos casos se relacionan más con un trastorno de ansiedad por separación que con un miedo real a la escuela o fobia escolar. En estas situaciones sería conveniente solicitar la ayuda y consejo de profesionales (pediatra y psicoterapeuta infantil).

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Fecha de publicación: 25-08-2015
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