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Qué hacer en caso de… exceso de peso

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Fecha de publicación: 18-11-2011

¿Cómo se diagnostica la obesidad en la infancia?

A veces es muy evidente que un menor tiene exceso de peso. Sus formas y proporciones hablan por sí mismas. Las abuelas sonríen satisfechas diciendo ¡este niño está muy hermoso! En ese momento (en realidad bastante antes) deben encenderse las sirenas de alarma, ya que para el niño o la niña significa un riesgo para su salud.

Para hacer el diagnóstico lo correcto es usar el índice de masa corporal (IMC). Se calcula dividiendo el peso por la altura al cuadrado. O sea que hace falta pesar y medir al niño. Pero, como a lo largo de la infancia el crecimiento es continuo, no hay una cifra concreta de IMC a partir de la cual hay sobrepeso. Por eso se recurre a unas tablas especiales.

Las tablas más conocidas por los padres recogen sólo las medidas de peso y talla y sirven para valorar el crecimiento. Las tablas de IMC se usan para valorar el estado nutricional:

  • Por debajo del percentil 10, se habla de desnutrición

  • Entre el percentil 10 y el 90, es la variación esperada en niños o niñas normales.

  • Entre el percentil 90 y el 97, se considera que hay cierto sobrepeso.

  • Al superar el percentil 97 ya se ha alcanzado el límite de la obesidad, ya es una enfermedad.

Muchos niños y niñas que parecen sanos y normales, “a ojo” ya están en la zona de sobrepeso. Por eso es bueno hacer mediciones cada cierto tiempo. Aproximadamente una vez al año puede ser lo adecuado.

A partir de los 5 o 6 años, el IMC no debe aumentar más de 2 unidades por año.

¿La obesidad puede estar causada por una enfermedad o un trastorno hormonal o genético?

En ciertos casos puede ser así, pero en muy bajo porcentaje: sólo entre el 3 y el 5%.

Cuando la obesidad está causada por una enfermedad orgánica suele asociarse a talla baja. Y, a veces, hay otros síntomas que pueden indicar cual es el origen.

Para estudiarlo, serán necesarias algunas pruebas específicas.

Sin embargo, en la gran mayoría de las veces, la causa de la obesidad está en que se gasta menos energía (menos calorías) de las que se comen.

Su hijo o su hija empiezan a desarrollar obesidad ¿Qué se puede hacer?

1) Planificar y proponerse el cambio de hábitos en familia.

En primer lugar, hay que mirar cómo es la alimentación del niño y también su estilo de vida. Cuántas horas dedica cada día a jugar en la calle o a hacer algún deporte o bien cuántas pasa frente a la televisión.

Hay que tener en cuenta también los modelos que hay en casa: cómo compran, cocinan y comen los padres y cómo son de activos o sedentarios.

Un niño no puede cambiar solo: hay que ayudarle y dar un ejemplo consistente.

2) Buenas costumbres en la cocina y en la mesa

Empiecen bien el día tomando juntos un desayuno completo. Vale la pena levantarse 10-15 minutos antes y prepararlo juntos (cada cual una pequeña tarea) y compartir ese rato. Hace falta tener energía para toda la mañana y desayunar bien ayuda a equilibrar la dieta del día.

Asegúrense de que en casa se bebe agua, siempre agua y solo agua. Todo lo más alguna infusión sin azúcar. Es preferible no tener refrescos ni zumos de ningún tipo en la despensa.

Si alguna vez comen fuera de casa, opten también por el agua o de vez en cuando algún refresco sin azúcar.

Compren leche desnatada para todo el mundo. También un yogur desnatado es mejor opción que cualquier otro tipo de lácteo. Corten los quesos en trozos pequeños.

Planifiquen qué va llevar para el tentempié del recreo: lo mejor es la fruta, pero también puede ser un bocadillo pequeño y nutritivo (de queso, embutido magro, atún…) y, para beber, agua

Aumenten la cantidad de verduras y frutas que se toman en todas o casi todas las comidas. Al principio no es fácil, pero se puede comenzar por porciones pequeñas: un “chupito” de gazpacho, una brocheta pequeña de frutas, una rodaja de tomate…. Hay que probar nuevos alimentos, aunque sin forzar a que terminen las porciones. Es mejor tomar cantidades menores pero de todo.

Acompañen a diario la cena y/o la comida con una buena y variada ensalada. Cuantos más colores haya en ella mejor, pues esos colores indican los distintos tipos de vitaminas y micronutrientes que hay en los vegetales

3) Pequeños trucos psicológicos

Puede ser divertido si se inventan frases a modo de “slogan” o se ponen nombres divertidos a los ingredientes.

Eviten comprar y tener en casa alimentos dulces, galletas, pastelitos, golosinas, helados, chocolates, flanes, natillas, bolsas de patatas fritas... Si se toman algún día suelto no son un riesgo, pero si están a mano es fácil caer en la tentación.

Pidan a sus hijos e hijas que ayuden a hacer la comida o la lista de la compra, a poner la mesa o retirar la vajilla.

Hablen positivamente de los beneficios de los alimentos que han elegido para el menú o para la cesta de la compra. Nunca son “muy pequeños” para entender un mensaje positivo sobre la salud. ¡No es bueno esperar a que sean “mayores”!

Es mejor comer juntos siempre que se pueda. Para que se hable más es mejor tener la televisión apagada.

Hay niños que dicen “tengo hambre” en lugar de “me aburro”, “quiero compañía”… Antes de responder “¡No puede ser que tengas hambre: acabamos de terminar de comer!”, es bueno pararse a pensar qué es lo que puede estar sintiendo el niño en ese momento y plantear una actividad que le distraiga. No hace falta complicarse mucho: “Vale, venga antes hace falta que me ayudes a ordenar la ropa limpia o a vaciar el lavavajillas…” o “Vamos a esperar un rato mientras hacemos juntos este puzzle”. El mejor antídoto frente al aburrimiento es tener compañía y algo que hacer juntos.

4) ¡Más movimiento y menos sedentarismo!

Piensen cómo aumentar el tiempo que sus hijos y ustedes mismos andan cada día. A veces no hay más remedio que ir al trabajo y al colegio en coche, pero planifiquen cómo hacer para que a lo largo del día todos puedan haber caminado de media a una hora. No hace falta que sea todo seguido, pueden ser tandas cortas de 10-15 minutos.

Para los que tienen menos de 6 años, jugar en el parque puede ser un buen ejercicio: a pillar, con un balón, saltar, en bicicleta o patines. Mejor si están con amiguitos o con otra persona que anime, acompañe y cuide.

Cuando se hacen más mayores, lo ideal es que hagan al menos 3-5 días a la semana alguna actividad deportiva o lúdica que sea muy activa. No basta con las clases de educación física del colegio.

Los fines de semana se puede hacer actividades al aire libre en familia: pasear en un parque, salir al campo, senderismo… Si se va aumentando poco a poco, se va adquiriendo resistencia y se puede disfrutar más.

Llenen la mochila de frutas, agua, algún bocadillo pequeño, una bolsita de frutos secos. Aprovechen la excursión para aprender algo más sobre la naturaleza, el arte, la fotografía, el clima… No pierdan ocasión de reír, dar volteretas, contar chistes o hacer bromas por el camino.

Vayan reduciendo poco a poco el tiempo que los niños pasan sentados: frente a la tele, el ordenador, los videojuegos... Estudiar o repasar es lo primero y algún rato de “pantalla” puede ser relajante o divertido, pero es bueno que sientan que hay muchas otras cosas interesantes que hacer. Hay que poner límites claros y tratar que siempre sea menos de 2 horas y comprobar que se cumplen.

5) Siempre en clave positiva y pensando en el futuro

Cambiar de hábitos no es fácil, ni para el niño ni para la familia. Hay que tener claro que todos se van a beneficiar. Por lo tanto, no se debe pensar en “bajar peso” sino en CAMBIAR DE VIDA, en aprender a alimentarse mejor y a ser más activos.

Hay que animarse unos a otros, valorar el esfuerzo, los pequeños cambios. Pensar en positivo y… a largo plazo.

Es también esencial pensar en la lucha contra la obesidad en clave de salud. No se trata de tener un peso determinado sino MÁS SALUD. No es una cuestión de moda, ni de silueta; tampoco importa el aspecto físico. Tanto las niñas como los niños deben recibir el mensaje de que un cuerpo sano, ágil, fuerte, bien alimentado y activo es siempre bello y ellos se sentirán bien así.

Fecha de publicación: 18-11-2011
Autor/es:
  • Ana Martínez Rubio. Pediatra. Centro de Salud de Camas. Camas (Sevilla)
  • Grupo PrevInfad. Prevención en la infancia y adolescencia (PrevInfad). Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)