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Tortícolis congénita. Qué es y qué podemos hacer para evitarla

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Fecha de publicación: 26-02-2013

Tortícolis es una palabra que viene del latín y significa “cuello torcido”. Se habla de “tortícolis congénita” cuando ocurre en niños recién nacidos o de menos de 2 meses de edad.

¿Cómo reconocerla?

El bebé con tortícolis suele tener la cabeza inclinada hacia un lado y la barbilla girada hacia el otro lado.

Si vemos que nuestro bebé tiene la cabeza casi siempre inclinada hacia el mismo lado, es muy posible que tenga tortícolis.

¿Cuál es la causa?

La causa más común es una lesión de un músculo del cuello, el esternocleidomastoideo. En este caso se habla de “tortícolis muscular congénita”.

La lesión del músculo suele deberse a una mala postura del bebé dentro del útero de la madre o por un parto difícil. A veces se palpa un bulto de forma y tamaño similares a una oliva a lo largo del músculo del cuello.

Muy raras veces, la tortícolis se puede deber a un problema óseo. El pediatra sospechará que hay lesión del hueso cuando una tortícolis no evoluciona bien.

¿En qué puede afectar la tortícolis a mi bebé?

  • Si el bebé está tomando pecho, puede tener dificultades para mamar de uno de los pechos, al no poder girar el cuello hacia ese lado.
  • A veces, la tortícolis congénita puede asociarse a displasia de cadera. Si el pediatra lo sospecha (casi siempre cuando el bebé tiene menos de mes y medio) indicará una ecografía de caderas.
  • Debido a que la cabeza está apoyada siempre del mismo lado, algunos bebés desarrollan un aplanamiento de uno de los lados de la cabeza (plagiocefalia postural). Este aplanamiento no repercute sobre el crecimiento del cerebro, pero puede causar una asimetría de la cara que a veces es llamativa.

¿Cómo puedo evitar que mi bebé tenga tortícolis?

Aunque no se pueden evitar las causas predisponentes (posición del feto y parto complicado), sí se puede actuar para que el bebé no desarrolle tortícolis.

Cuando el bebé duerma o esté boca arriba, hay que cambiar el lado de apoyo de la cabeza con frecuencia. Por ejemplo, cambiar de lado la cabeza después de cada toma.

Es muy recomendable poner al bebé boca abajo durante algunos ratos mientras está despierto. Es lo que se conoce como “tummy time” (tiempo de barriguita). Así se fortalecen los músculos del cuello y la espalda, y se previenen las deformidades de la cabeza (plagiocefalia).

Mi bebé tiene tortícolis, ¿qué hago?

El pediatra suele diagnosticar la tortícolis en las revisiones de salud infantil.

Según la edad del niño y la severidad del problema, el pediatra valorará si se deben hacer pruebas complementarias (ecografía o radiografía).

El pediatra suele explicar a los padres los ejercicios que se deben hacer en casa para corregir la tortícolis. Consisten en movilizar el cuello y estirar el músculo y deben hacerse siempre bajo supervisión.

También se pueden aprovechar situaciones cotidianas para que el bebé mueva el cuello:

  • Se le pueden ofrecer las tomas (pecho o biberón) por el lado que le cuesta más trabajo. Si tiene hambre se esforzará en girar el cuello
  • Usar juguetes y estímulos visuales y auditivos de forma que le inciten a mover el cuello hacia los lados
  • Al acostarlo para dormir (siempre boca arriba), ponerlo mirando a la pared, de forma que tenga que girar el cuello si quiere mirar a la mamá o a los juguetes de la habitación.

El pediatra comprobará que la evolución de la tortícolis es buena. Si no es así, podrá decidir enviar al bebé a un servicio de fisioterapia o hacer pruebas complementarias.

¿Qué hago si no mejora?

Cuando la tortícolis se descubre en los primeros meses y se inician enseguida los ejercicios, la evolución suele ser muy buena. En casi todos los casos se consigue la corrección total y sin que queden deformidades, aunque puede tardar hasta 6 ó 12 meses en corregirse del todo.

Si la tortícolis persiste hacia el año de edad o se ha diagnosticado tarde puede estudiarse la posibilidad de un alargamiento del músculo con cirugía.

Fecha de publicación: 26-02-2013
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