Padres y pediatras
al cuidado de la infancia y la adolescencia

¿Por qué mi hijo coge tantas infecciones en la guardería? Una explicación sencilla… y veraz

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Fecha de publicación: 10-09-2015

La organización actual de nuestra sociedad hace que los niños acudan a guarderías a edades muy tempranas. Las escuelas infantiles son hoy en día una realidad social. Se asume su existencia como una necesidad (o “un mal necesario”). No hay que olvidar el beneficio de la socialización y el aprendizaje precoz del lactante en dichos centros, en determinados casos y a partir de cierta edad.

Los padres y profesionales sanitarios ya hemos asumido que el ingreso en una guardería supone un factor de riesgo. Por sí solo genera una mayor incidencia de múltiples enfermedades infecciosas agudas. Hay evidencia científica de que esto es cierto respecto a bronquiolitis, bronquitis, conjuntivitis, faringoamigdalitis, gastroenteritis, laringitis, neumonía, otitis, resfriado común, sibilancias, sinusitis y para el total de patologías.

Por otro lado, estos niños aumentan el número de consultas tanto en Atención Primaria como en urgencias hospitalarias. Y, también, el número de ingresos hospitalarios. Se podría concluir que el riesgo sobre la salud infantil de la asistencia a guardería es discreto pero de un gran impacto.

El factor que más determina que esto sea así, es la edad de entrada a la escuela infantil. El ambiente en el que se encuentran es epidemiológicamente muy hostil. No es lo mismo el sistema inmune de un niño de 4 meses que el de uno de 2 años.

¿Cuáles son las causas?

Hay dos características propias de la infancia que hacen más fácil la propagación de las infecciones en los primeros años de vida, sobre todo en las guarderías:

- Los niños, cuando sufren una infección, están eliminando el agente causante (casi siempre un virus) durante mucho más tiempo que los adultos. A veces, incluso, durante dos o tres semanas. Por tanto, pueden contagiar durante muchos días.

- Muchas veces contagian también mientras están incubando la enfermedad, es decir, cuando aún no tienen síntomas. Esto impide cortar la cadena de contagio.

Por otra parte, el sistema inmune de los niños es diferente al de los adultos. Cuando un germen entra en el organismo de una persona, su sistema inmune se pone en funcionamiento. Genera unas células que se llaman linfocitos T. Y éstas se ponen a trabajar para intentar vencer a la infección.

Tras esta primera fase, quedan en el cuerpo los llamados linfocitos T de "memoria". Son unas células que permanecen meses o incluso años en nuestro organismo. Se quedan preparadas para responder en un futuro si volviéramos a contactar con el mismo patógeno. Evitarían así el desarrollo de la infección. Es el mismo mecanismo que se produce con las vacunas. Con ellas se inocula el agente infeccioso en forma atenuada o inactivada. No causa la infección pero genera linfocitos de "memoria". Y si en un futuro el niño entra en contacto con el germen en cuestión, existe una defensa para vencer la enfermedad.

Pues bien, como hemos dicho, los lactantes y niños pequeños tienen un sistema inmune muy inmaduro. Tanto, que la respuesta del organismo a una infección es muy pobre a nivel de recuerdo y no es capaz de dejar linfocitos T de "memoria" suficientes para próximas ocasiones.

¿Se pueden minimizar los daños?

La prevención es la mejor arma con la que contamos para disminuir el impacto que supone para los niños acudir a la guardería. Entre las medidas que se proponen para lograr que descienda el contagio están, por ejemplo:

- Un meticuloso cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias por parte de los cuidadores. En primer lugar, el lavado de manos de manera habitual pero sobre todo al preparar los alimentos, antes de dar de comer a los niños y después del cambio de pañales.

- Instruir a los educadores sobre cómo se trasmiten las enfermedades.

- Fijar normas claras para el manejo de los casos aparecidos y la protección de sus contactos. Y hay que aclarar las causas de exclusión de la guardería.

- Disminuir el número de niños por aula o el número de horas de asistencia a los centros.

¿Existen soluciones o alternativas?

La incorporación de las madres al trabajo, los permisos por maternidad y lactancia, el aumento de las familias monoparentales y la carga económica que supone contratar a un cuidador son algunas de las causas que marcan la decisión de enviar a los niños a las guarderías demasiado pronto.

En cuanto a las consecuencias, al margen del mayor número de infecciones en los niños, también se ha visto una mayor incidencia de dichas infecciones en los contactos cercanos (padres y hermanos fundamentalmente). Hay un mayor uso de antibióticos y una mayor pérdida de horas de trabajo de los padres.

Teniendo todo esto en cuenta parece aconsejable proponer algunas soluciones:

1. Aumentar los periodos de permiso laboral por maternidad y lactancia materna al igual que han hecho otros países de la Unión Europea.

2. Intentar otras formas alternativas de cuidado de los niños:

  • “Nidos familiares”, sistema implantado en País Vasco. En éste, una persona con formación y acreditación específica se encarga del cuidado de grupos de 3-4 niños de 0-3 años.
  • “Family day-care” o “in-home child care”: sistema similar al anterior puesto en marcha en el Reino Unido. Aquí, cuidadoras tituladas (child minder) se desplazan a un domicilio y se encargan de atender a pequeños grupos de niños. 
Fecha de publicación: 10-09-2015
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