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Las dificultades escolares

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Fecha de publicación: 27-03-2015

Las dificultades escolares (DE) son un motivo de consulta cada vez más frecuente en la atención primaria. Es una “nueva morbilidad”, un tipo de consulta distinta.

En nuestra “sociedad del conocimiento”, los aprendizajes garantizan el éxito personal y social del niño, y son uno de los deseos más vehementes de los padres. Estos invierten mucho tiempo y dinero en los aprendizajes. Su bienestar está en gran parte relacionado con el éxito o el fracaso de sus hijos. Estos problemas tienen un impacto importante, tanto en el niño como en la familia. Son motivo de disgustos, enfrentamientos y dolor familiar.

Las dificultades escolares afectan a la lectura, la escritura, el cálculo y la comunicación social. Aunque tienen una amplia expresividad clínica.

En el momento actual hay tratamientos que en muchos casos mejoran el rendimiento escolar y social, y permiten la incorporación del niño a una vida satisfactoria.

Dificultades del aprendizaje

Los trastornos de aprendizaje pueden afectar para comprender lo que se lee, lo que se escucha y lo que se integra en el cerebro. Esto hace que los niños que los tienen no puedan aprender de la misma manera o al mismo ritmo que los demás. Estas limitaciones se manifiestan para: hablar, escuchar, leer, escribir, deletrear, recordar, organizar y analizar información, o aprender las matemáticas.

También afectan a otras funciones cerebrales, como la coordinación, el autocontrol, la atención, la concentración o a la impulsividad.

Los problemas de aprendizaje son trastornos neurobiológicos, que hacen que el cerebro funcione o esté estructurado de una forma diferente. Estos niños no son ni “tontos” ni “perezosos”. Sus cerebros procesan la información de otra forma distinta.

En España se estima que aproximadamente un 5% los niños tienen un trastorno del aprendizaje relacionado con dislexia.

Los niños con trastornos del aprendizaje pueden presentar:

- dificultad en aprender el alfabeto y reconocer letras y sonidos;

- errores al leer en voz alta;

- no comprensión de la lectura;

- dificultades para deletrear;

- torpeza y desorden para escribir;

- dificultad para expresar ideas por escrito;

- retraso y limitaciones en el lenguaje y el vocabulario;

- dificultad en recordar sonidos y diferenciar letras;

- escaso sentido del humor;

- problemas para seguir instrucciones;

- dificultad para pronunciar palabras o diferenciarlas;

- dificultad para organizar tareas;

- torpeza en las conversaciones (no respetar turnos, acercarse demasiado al que escucha);

- dificultad para seguir el orden de los números o los conceptos que lee.

La falta de reconocimiento de estas dificultades por parte de los padres o educadores, o la indiferencia ante ellas (“ya se le pasará...”) puede crear un problema emocional. Muchos de estos niños son víctimas de burlas o acoso por los compañeros o amigos, y en ocasiones por los propios maestros. No es raro que hasta los padres, sin entender el problema, lo atribuyan a pereza o desidia.

Estos niños presentan conductas inadecuadas de aislamiento físico o social. O incluso violentas con compañeros o profesores. Su aislamiento hace que los síntomas queden ocultos. Se tarda más en diagnosticar. Así los aprendizajes quedan más y más limitados.

Impacto en el niño

Los niños con dificultades escolares se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor. Sin embargo, no saben comprenderlo y expresar sus sentimientos y necesidades. No es de extrañar su frustración y tristeza, sobre todo cuando se comparan con otros niños.

Los síntomas de trastornos del aprendizaje pueden aparecer solos o combinados con otros, como:

  • somatizaciones (vómitos, dolores abdominales, cefaleas...),
  • falta de atención, olvidos,
  • elusión y ocultación del trabajo diario,
  • susceptibilidad,
  • tendencia a la tristeza, depresión y baja autoestima,
  • exagerada timidez,
  • ansiedad,
  • elusión de sus responsabilidades,
  • culpabilización de los demás por la propia conducta,
  • discordancia entre la buena opinión de sí mismos con los resultados escolares (“me tienen manía”).

Impacto en la familia

No es de extrañar que a los padres les cueste entender porqué su hijo es así y cuál es el problema. Quizá́ a los padres les sea difícil comunicarse con su hijo.

Ser padre de un niño con dificultades escolares es incómodo. Produce disgustos, decepciones, vergüenza y culpabilidades. Tienen más presión, frustración y separaciones que otras familias donde este problema no se da.

Con frecuencia a los padres les cueste entender porqué su hijo es así́ y cuál es el problema. Quizá́ a los padres les sea difícil comunicarse con su hijo.

Pero cuando se diagnostica y se les informa sienten cierto alivio, al entender la razón. Otras veces se quedan confusos. Se les debe explicar que las dificultades escolares no se deben a que ellos sean “malos padres”, y que hay tratamientos con buenos resultados.

Estos niños necesitan rutinas, estructura familiar y orden. Cuando esto se altera, por ejemplo en vacaciones, es más fácil que empiecen los problemas. Por eso hay que estar prevenido para dominar la situación. Hay maneras de rebajar la tensión y liberar energía cuando estos se inquietan mucho.

Sus hermanos pueden reaccionar con celotipias, vergüenza, burlas o culpa. Son su forma de llamar la atención. Y tampoco es raro que se den enfrentamientos entre los padres.

En la escuela estos niños no pueden seguir el mismo ritmo que los demás. Los equipos multidisciplinares recomiendan adecuar la escuela al niño haciendo algunos cambios, con recomendaciones a los maestros o profesores, y también a las familias. Y en algún caso especial, se debe cambiar al niño de escuela.

Pero los niños con dificultades escolares, como todos los demás niños, continúan aprendiendo y progresando, y una vez superados sus problemas pueden aspirar a las mismas metas que cualquier otro niño y lograr una vida satisfactoria. 

Fecha de publicación: 27-03-2015
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