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La discapacidad y el abuso sexual

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Fecha de publicación: 8-10-2016

Lo que deben saber los padres y las madres sobre el abuso sexual infantil (II)

Los niños y las niñas con algún tipo de discapacidad, ya sea esta física, psíquica o sensorial, tienen un mayor riesgo de sufrir abusos sexuales que los demás niños. Es por ello por lo que padres, madres, educadores y profesionales en general deben estar mucho más alertas ante cualquier indicador de abuso.

Hay que tomar conciencia de que el abuso sexual infantil existe. Es el primer paso para proteger a estos niños. No sólo es una realidad sino que es más probable en los niños con algún tipo de minusvalía.

Algunos estudios (Kennedy, 1996) revelan que dos de cada tres chicas con discapacidad y uno de cada tres chicos discapacitados son víctimas de abusos. Y que la mayor incidencia se da en la discapacidad intelectual, esto es, en menores con retraso mental.

¿Por qué es más frecuente el abuso sexual en los niños con algún tipo de discapacidad?

Son varias las causas. Entre ellas, las circunstancias personales de los niños discapacitados o porque se detecta peor o porque se tiende a no creer a los niños cuando dicen que han abusado de ellos o porque es más difícil que el niño discapacitado se dé cuenta de lo que le ocurre y, si lo hiciera, de que se defienda y lo pueda contar.

Por lo general, estos niños precisan de más ayuda en la higiene y en el cuidado físico. Esto aumenta el riego de abuso sexual porque hay un mayor acceso a su cuerpo. Además tienen varios cuidadores que cambian con frecuencia. El riesgo de abuso por parte de alguno de estos cuidadores es mayor.

Por otra parte, con tantos cuidadores en su vida, al niño discapacitado le cuesta más diferenciar entre extraños y conocidos. También la diferencia entre contactos físicos permitidos o no y con quién. Son tantos los extraños en la vida del niño que realmente ¿quién es un extraño para él? Son niños que pasan por muchos profesionales (médicos, psicólogos, rehabilitadores, logopedas, fisioterapeutas, educadores, celadores, monitores…).

El mayor contacto físico con el niño discapacitado hace que tenga más dificultades en reconocer un contacto abusivo del que no lo es. Pero esto no sólo vale para el abuso sino también para otras formas de maltrato. Por ejemplo, el maltrato físico, ya que pueden recibir tratamientos rehabilitadores que les causen dolor.

A estos niños les cuesta reconocer que están sufriendo abusos. Por tanto, no lo pueden contar. Y, justamente de esto se aprovecha el abusador. Piensa que el niño no le va a delatar porque no se da cuenta de lo que le pasa. Y que si lo contara quién iba a creerle. Y apoyado en estas ideas, el abusador ve a este tipo de  niños como una víctima fácil.

Pero eso no es todo. Los niños con discapacidad física tienen más problemas a la hora de resistirse y oponerse al abuso, de defenderse. Cuando la discapacidad afecta al lenguaje, al niño le será más difícil, si no imposible, contarlo.

Por la propia discapacidad son niños más dependientes. Han sido educados en la sumisión y en la obediencia hacia el adulto. Por ello, no se enfrentarán a él.

Y si todo lo dicho no fuera ya bastante, estos niños dependen además emocionalmente de los adultos que les cuidan.

¿Por qué el abusador elige a los niños con discapacidad?

  • Porque son más fáciles de engañar.
  • Son menos poderosos. Tienen menos capacidades, habilidades y recursos.
  • Son menos capaces de oponerse al abuso y resistirse a él.
  • Su solvencia para revelar el abuso es menor. Incluso puede ser nula como en los niños y niñas que no han desarrollado lenguaje útil para comunicarse.
  • Socialmente son percibidos como menos creíbles en caso de que sean capaces de darse cuenta de que están siendo abusados y lo cuenten.

¿Cómo contribuye la sociedad a que se dé esta terrible realidad?

En nuestra cultura están presentes ideas erróneas. Se cree que el abuso traumatiza menos a un niño con discapacidad por el hecho de no darse cuenta de lo que le pasa.

Pero no es así. El abuso sexual a un niño discapacitado le deja las mismas secuelas (ansiedad, miedo, depresión, insomnio, desconfianza, etc) que a cualquier otro niño. La diferencia está en que estos niños tienen menos recursos para superarlas. Por ejemplo, es menor la capacidad de contarlo y que se les crea y se les ayude.

¿Qué pueden hacer los padres y las madres de un niño discapacitado para protegerle?

Como ya se ha dicho, lo primero de todo es siempre tomar conciencia de que su hijo puede ser víctima de esta terrible experiencia.

En segundo lugar, mantener la calma. No deben alarmarse ni empezar a ver fantasmas donde no los hay. Pero tampoco negarse a esta posibilidad.

Y dicho esto, los padres deberán mantenerse vigilantes, pero sin alarma. Se asegurarán del trato que recibe su hijo de las distintas personas de su entorno. Así podrán detectar si el niño muestra temor a un cuidador en concreto. Si rechaza estar con esa persona y no quiere quedarse a solas con ella, por ejemplo. Y no sólo detectarlo, sino además descubrir las razones por las que su hijo se comporta así.

Como a cualquier otro niño, y siempre según sus capacidades, le educarán en el respeto y en la obediencia. Pero que tenga criterio propio para que puedan detectar todo lo que no entiendan y esté fuera de lo habitual Y en ese caso, lo cuenten siempre a un adulto de su confianza...

…Quién mejor que sus padres.

Algunos enlaces útiles

Descárgate la presentación con los PUNTOS CLAVE: 

Fecha de publicación: 8-10-2016
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