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Cólico del lactante

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Fecha de publicación: 10-11-2011

¿De qué hablamos?

A cualquier padre al que se le diga que “esto es de los gases… es un cólico del lactante” lo asumirá…, al menos inicialmente.

Se trata de un motivo de consulta frecuente. Casi un tercio de los recién nacidos lo presentan. Son crisis de llanto intenso e inconsolable, habitualmente por la tarde-noche. Se acompaña de enrojecimiento facial, puños cerrados, distensión abdominal, flexión de extremidades inferiores e hiperextensión de columna.

Parece grave, sobre todo la primera crisis.

¿Qué es?

Se trata de episodios repetidos de llanto intenso e inconsolable en un lactante bien alimentado y saludable. Se habla de la “regla del tres” (3 horas al día, 3 días a la semana y durante 3 semanas). Si bien, su patrón clínico permite el diagnóstico desde la primer episodio.

¿Por qué se produce?

No está del todo aclarada su causa. Se habla de varias hipótesis: inmadurez digestiva (excesiva producción de gas, hipermotilidad intestinal, cambios en la flora) o inmunológica (intolerancia o alergia a leche de vaca), así como psicosociales (sobreestimulación del lactante, técnicas de alimentación incorrectas) o conductuales (temperamento).

Incluso, se considera una variante de la normalidad (niños irritables). Quizás se trate de un “cajón de sastre” con varias causas, pero con un mismo patrón clínico.

¿Cuál es su curso habitual?

Su pronóstico es benigno. Se trata de un proceso autolimitado que desaparecerá entre el tercer y cuarto mes de vida. No es una enfermedad y evolucionará hacia la resolución.

¿Cómo se trata?

No hay medicación absolutamente eficaz. El pediatra intentará reducir la ansiedad de los padres con información y pautas de manejo. Si por la severidad y/o frecuencia de los episodios, los padres no pueden afrontar la situación, se harán intervenciones terapéuticas.

Las opciones son la simeticona oral (sin evidencia de eficacia pero segura) y la dieta exenta de proteínas vacunas (leches especiales hidrolizadas en los que toman biberón o evitando lácteos y derivados en la dieta de la madre que da pecho).

Se pueden probar durante una semana. Se mantendrán sólo si se observa mejoría.

Otras posibilidades sin evidencia científica clara pero que podrían ser útiles son los probióticos (Lactobacillus reuteri) y los fitoterapéuticos (hinojo solo o en combinación con manzanilla, verbena y regaliz), Estos últimos se deben tomar con moderación para evitar la interferencia con la leche. Recuerde que existen anises estrellados que pueden ser tóxicos.

¿Qué puedo hacer para mejorarlo?

Establecer hábitos o rutinas en el día a día del niño. Evitar la sobreestimulación. El llanto de un bebé es una de sus formas de comunicación y no siempre es por dolor o hambre. Se deben adquirir habilidades para calmar a un bebé que llora mediante el entrenamiento de padres en las cinco necesidades (hambre, succión, protección/frío-calor, atención y sueño).

Las estrategias calmantes habituales son: alimentación, uso de soluciones azucaradas, succión o chupete, emisión de gases, cogerlo en brazos, balanceo y acunamiento, baño caliente, paseo en coche de niño o en automóvil. También se pueden instruir en el swaddling (enrollar al bebé con una sábana dejándolo inmóvil, Figura 1). Incluso la utilización del “ruido blanco” a baja intensidad (como el ruido de un secador de pelo o una aspiradora) puede favorecer la relajación y el sueño.

Figura 1. Técnica del Swaddling o baby-wrapping.

Es fundamental que los padres descansen cuando el bebé esté dormido, que se turnen en su cuidado y soliciten apoyo a familiares. Además, puede ser útil compartir experiencias con otros padres.

Si es benigno y transitorio, ¿cuáles son sus principales peligros?

Origina inseguridad sobre la alimentación adecuada. Se debe evitar la introducción precoz de alimentos complementarios. Si está con lactancia materna, no existe ninguna duda de que es la mejor. No son recomendables la leche de soja, hipoalergénicas (anticólico o HA) ni sin lactosa.

Pero el principal peligro es el síndrome del bebé sacudido. Se debe evitar coger al bebé durante discusiones. Si hay momentos en que el llanto se siente intolerable, lo mejor es poner al bebé en un lugar seguro (por ejemplo, su cuna), tomarse un tiempo (minutos) y pedir ayuda. Existe la posibilidad de perder el control y de producir lesiones graves e incluso mortales agitándolo.

¿Cómo sé que evoluciona bien y que no es otra cosa?

Puede ser útil el uso de un Diario de Comportamiento. Registrará tomas, tiempo de sueño-vigilia y episodios de llanto (duración e intensidad) en una tabla o gráfica horaria. Así veremos la evolución y posibles desencadenantes.

Confíe en su pediatra y enfermera. Comprobarán la adecuada ganancia de peso y técnica alimentaria. Le realizarán preguntas y una exploración física para descartar otras patologías menos comunes. No suelen ser necesarias otras pruebas. Puede ser útil el apoyo telefónico.

¿Cuándo me debo preocupar? ¿Cuándo debo consultar con el pediatra?

Son signos de alarma: mal estado general, escasa ganancia de peso, fiebre, pausas respiratorias, mal color o síntomas neurológicos (somnolencia, hipotonía, convulsiones). También si aparece pronto en los primeros días de vida o persiste más allá del cuarto mes.

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Fecha de publicación: 10-11-2011
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